Todo empezó en una tarde de domingo, de esas en las que el silencio en casa pesa más de lo normal. Hacía apenas una semana que Rocco, nuestro compañero de vida durante 14 años, se había ido.
Quienes han tenido la suerte de compartir su vida con un perro o un gato saben que no son "solo mascotas". Son los que te reciben en la puerta, los que se tumban a tus pies cuando estás triste y los que llenan cada rincón de alegría sin decir una sola palabra.
Esa tarde, nos dimos cuenta de algo: lo que más extrañábamos no era solo su presencia, sino la sensación física de tenerlo cerca mientras descansábamos en el sofá. Necesitábamos algo que pudiéramos tocar, algo que nos recordara que ese amor no se había ido del todo.
Esa frase nació de una necesidad real de consuelo. Decidimos plasmar la mirada de Rocco en un cojín de 40x40cm, suave y mullido, para que siempre que el vacío apretara, tuviéramos un lugar donde refugiar nuestro abrazo.
Al ver cómo amigos y familiares se emocionaban al verlo, comprendimos que no éramos los únicos que necesitábamos este puente entre el cielo y la tierra. Así nació TuHuella.
Hoy, fabricamos cada cojín a mano, con el mismo respeto y cariño que si fuera para nosotros mismos. Porque sabemos que no te enviamos un simple objeto decorativo; te enviamos un trocito de tu historia, un recordatorio de que ese vínculo es eterno.